PALANTE
«Para atrás ni para coger impulso», decía un amigo para motivarse cuando cortó con su novia y parecía que el mundo se le caía encima. Nada más lejos de lo que le deparaba el futuro. Quizá ese saber empujarse fue el detonante de su avance y lo alejó de autocompadecerse.
«Qué pena me doy, soy un desgraciado, esto solo me pasa a mí, si hubiera hecho esto o aquello…». Y así hasta el infinito. Hasta menguar tanto como un renacuajo y pasar desapercibido incluso para uno mismo.
No hay trucos. Tampoco colegios ni academias donde te formen para ser decidido. Son los palos vitales los que te sitúan a un paso del abismo. Los que te hacen aprender a no meter el dedo en el enchufe y a qué tecla no apretar para evitar desencadenar tormentas.
Quedarse en la pena nunca debería ser la respuesta. La sombra acaba por helar los corazones y echar por tierra las ilusiones. No hay más remedio que romper la hoja del calendario y cambiar de ciclo.
Coge aire, levanta la cabeza y tira palante.
¡Feliz año nuevo!
