ALERGIA CONSENTIDA

 

«Si tú te vas, si tú te vas, yo me quedo en Sevilla hasta el final», cantan los hermanos Amador —Pata Negra— en el cuarto tema del disco Blues de la Frontera, en el que alcanzaron su punto álgido con las ‘blueslerías’. ¡Casi na!

Parece que el agua se va, que la primavera llega aunque se resista, que suben las temperaturas pero no, que saco la camisa o guardo el chaquetón…

Ante la duda, cierro los ojos y me guío por el olfato. Es impepinable. Desde las Tres mil viviendas hasta San Jerónimo, paseando por Sevilla Este o por El Porvenir. Ahí no existen diferencias socioculturales ni socioeconómicas ni p… en vinagre. Te pongas cómo y dónde te pongas, el olor de Sevilla ya inunda la ciudad.

Ayer acompañé a mi hija Marta, la pequeña, a una peluquería de la peatonal Asunción en el barrio de Los Remedios. Dejamos el coche en el parking subterráneo de Virgen de Luján y nada más subir a la acera, el bofetón de azahar nos dejó tarambanas.

«Con tanta lluvia este invierno, verás la alergia este año», pensé…, pero ya estaba borracho y me dio lo mismo, ya había caído en sus redes, ya ascendía al cielo sin remedio.

Y flotando recorrí la calle. Observé cada balcón, cada tienda, lo guapa que es mi hija… Recordé la cabalgata de Reyes a su paso por aquí, pensé en la Semana Santa, que ya está encima, y en la Feria de calor que nos espera.

El azahar nos hace hermanos y nos desnuda las diferencias.

Hoy me despierto con la nariz atascada, me pica, lagrimeo, trato de respirar hondo y el azahar vuelve a arañar mis pituitarias. Así da gusto, qué queréis que os diga; yo me quedo en Sevilla.

Jaime Sabater Perales