¡ZAMBÚLLETE!

 

«Siempre que abras tus libros viejos del colegio y veas mi nombre escrito en aquella página que no recuerdas cuál es (…)», cantaba David Summers en Dos imanes allá por 1986, y yo la sigo tarareando y aún me la sé completa. Pura nostalgia hecha canción: aquel amor imposible, las llamadas por teléfono, los amigos, la cerveza…

Sí, soy un cantautor frustrado que trata de imprimir musicalidad a sus textos sin demasiado éxito, y recurre a las letras de los que están dotados. Qué le voy a hacer, Dios no me dio ni la voz ni el oído ni el sentido del ritmo. Y más quisiera yo componer una canción o ser capaz de sacar algún sonido acompasado de una guitarra o de un teclado.

«Saltarás a la calle buscando recuerdos, las farolas se mueven, hay mucho viento»

Llevo toda la semana con esta canción rondando por el hipotálamo, llevándome a lugares recónditos de la memoria, generando endorfinas y a la vez desasosiego.

Y el verano pasa veloz, y suma y añade nuevos surcos al vinilo de la vida. A este long play que, por fortuna, no para quieto, que salta sin orden cronológico, que amanece a placer en lugares gratos para recordar.

De eso se trata, de no caer en bucles viciosos. De ser capaces de sumergirnos en la más absoluta de las añoranzas para, en un chasquido, sorprendernos con un nuevo paisaje que nos renueve y empuje.

Yo ya he cogido la ola y he anclado ambos pies en mi tabla. Quizá me lleve algún revolcón, pero de momento el sol calienta y la brisa refresca.

Móntate en tu tabla, en una bicicleta, anda descalzo por la orilla, y si lo recuerdos te abruman, no lo dudes: zambúllete en el mar y deja que todo fluya.

Jaime Sabater Perales