SIN PANCARTA
Desde que en mi país han convocado elecciones generales, ando un poco descentrado, la verdad, y paso demasiado tiempo tratando de hallar certezas a través de noticias, columnas de opinión, entrevistas puntiagudas y redes sociales. Nada de esto me calma, sino todo lo contrario: cuanta más información almaceno en mi cabeza, más dudas me surgen sobre cómo posicionarme. Y no me refiero a la papeleta que meteré en la urna el próximo 29N; se trata más bien de un sentido de la moral y la justicia que me arrastra desde niño y que me tiene distraído ahora.
Ojalá tuviese una opinión clara y concisa sobre cualquier asunto con tan solo verlo, comprender su intencionalidad o reconocer su forma. Me ahorraría esta lucha interna de ponerlo todo en tela de juicio, de darle la vuelta, de mirarlo desde otro ángulo.
No es que viva atenazado y sea incapaz de tomar decisiones, es que no me sale del alma adoptar una postura definitiva ante la vivienda, porque pienso que el tema es tan difícil y poliédrico que cualquier conclusión me resulta frívola, condicionada o estúpida sin más.
Quizá quedarme en medio sea el mejor sitio para recibir los palos de ambos lados. Asumo el riesgo.
Rechazo la ocupación, la expropiación, el odio al propietario. ¡Cuánta hipocresía! ¡Menudos majaderos trasnochados, que defendéis lo imposible hasta que os explota en vuestras narices aburguesadas! ¿A quién queréis engañar?
Capitalismo salvaje, tampoco. Mirar para otro lado, menos. Desahuciar a ancianas moribundas, va a ser que no.
Casas gratis, no; viviendas para todos, sí.
A todos los políticos os digo: cuidad de vuestros ciudadanos, liberad suelo, reducid impuestos, eliminad guetos, urbanizad y armonizad, enfriad las zonas tensionadas. Trasmitid seguridad y confianza. Poneos, de una vez por todas, a trabajar para lo que os hemos elegido y dejad de culpar al de enfrente.
¿Fácil? Seguro que no. ¿Posible? Buscad el ejemplo, imitadlo, mejoradlo, actualizadlo, dejaos la piel en el intento y hacedlo sostenible. No busquéis la rentabilidad electoral, pensad en vuestros hijos, nietos, padres y abuelos, así de sencillo.
Disculpad hoy este discurso sin pancarta ni bandera. Me cansan los relatos montados para polarizar más y avanzar menos.
Dejaos de cuentos, que los relatos son para entretener y para que los podamos leer en la cama, en el sofá, incluso en la cocina o en la terraza, pero, por favor, cada uno en nuestra casa.
