EL LOCO DE LA COLINA

 

Hoy brindé por ti. Porque me da vergüenza llorarte sin tan siquiera haberte conocido. Hoy me emborraché por tu muerte, porque las muertes me abren las entrañas del olvido, por todos los que se fueron. Hoy me distraigo con tu verbo y tus silencios sin necesidad de buscarte, porque estás por todos lados. Esos mismos espacios que te dieron la espalda ahora te homenajean con la boca chica de sus vergüenzas tapadas, de sus puertas cerradas a las verdades que un loco insistía en contar.

«Triste, pobre y solo», así es como cuentan que te has ido, haciéndote las preguntas que te hiciste, las mismas que nos hacíamos, esperando sin respuesta que otros las contestaran por nosotros. Hoy por fin te lloro, ya solo, y te veo con la sonrisa pícara, con la mirada astuta y con un pedazo de papel encerrado en tu mano. Manuscrito sin final de tu última entrevista. La que no veremos. La que tiene todas las respuestas y el más largo de los silencios. Ahora ya lo sabes, ahora sí estás en la colina, Jesús. Gracias por todo.

Jaime Sabater Perales