COMO POLLO SIN CABEZA

 

De viernes a domingo puedes hacer tantas cosas y con tanta gente diferente que, por muy raro que sea el sueño tras un atracón, no superará lo que has vivido.

Si al volver a casa tienes tropecientos mensajes sin leer, incluido alguno de trabajo, no has visto ningún capítulo de ninguna serie descafeinada, desnatada e insípida y la política te ha dado un respiro, no vas por mal camino.

Salta a la calle, haz deporte al aire libre, visita un museo, emborráchate de tu ciudad, de ese pueblo que te faltaba por conocer, de aquel risco por escalar, del concierto de tu vida.

Mézclate con gente dispar, lee el periódico del contrario, tírate vestido a una piscina, dale los buenos días al extraño, abraza al enemigo, llora con tu hermano.

Desayuna con cerveza y cena con churros, no pises el gimnasio, no enciendas la tele, echa otro euro al futbolín, cierra con un triple el dieciocho a los dardos, baila descalzo sobre la yerba mojada por el relente, pierde otras gafas de sol.

Y entre tanto lee. Aunque estés agotado, lee. Que el ruido de la felicidad se tamice con historias contadas por otros: lejanas, imaginarias, fantásticas, íntimas, universales, distópicas.

Muévete como un loco y respira como un monje tibetano. Que los pollos sin cabeza sean otros; esos mismos que te señalan.

¡Vive!

 

Jaime Sabater Perales