DISTANCIAS CORTAS

 

Don Enrique solía decir que él siempre había tenido el mismo pensamiento político. Por lo que contaba, prácticamente desde después de la Guerra hasta el fin de sus días terrenales, en 2007. Defendía que eran los demás los que cambiaban de opinión y le llamaban rojo o facha en función del contexto o incluso del momento histórico. Él se declaraba demócrata cristiano, que más que una facción política se podría decir que es una corriente de pensamiento que coloca a la persona en el centro, tanto en lo espiritual como en lo material.

No sé si por mimetismo, convencimiento o simple admiración filial, siempre me declaro de derechas para lo económico y de izquierdas para lo social, por lo cual me etiquetan en un bando u otro según la escora política del que me escucha.

¡Ay, las etiquetas!

Que no, que el hábito no hace al monje. Que en las distancias cortas es cuando se conoce a las personas, sus intenciones, motivaciones y si al final practican la justicia social.

No me vale que seas tan de izquierdas en tus creencias y después un maldito egoísta que no mueve un dedo por nadie o un déspota en tu «puestecito» de trabajo ganado a base de trepar.

Tampoco comulgo con tus golpes de pecho y tu elevado concepto moral, cantado a los cuatro vientos, que te saltas a la torera y a tu antojo sin mirar jamás por el prójimo.

Si no reculas al pagar, si saltas de la silla cuando te piden algo, si perdonas pronto los errores y nunca olvidas los favores… qué narices me importa a quién votes o el tufo de la camisa política que vistas.

Paco de Lucía declaró en una entrevista que dejó de decir que era de izquierdas cuando ganó los dos primeros millones de pesetas y, en vez de montar una escuela, darlos a los niños de África o invertirlos en ayudar a los demás, los guardó en el banco. Ya nunca más dijo en público que lo fuera.

A eso le llamo yo tener criterio, vergüenza y practicar la sinceridad.

Las mentiras tienen las patas muy cortas y no aguantan las distancias; sobre todo —y me repito— las cortas.

 

Jaime Sabater Perales