DE VUELTA

 

De vuelta a casa desde la disco atestada de chavales, con el verano en pleno apogeo, no acepté que me llevaran en coche y preferí el paseo nocturno y solitario.

La fiesta tapaba la pena de la noticia que me rondaba desde las once y media de la noche:

«Lo han sedado esta mañana, está en casa…», decía el audio que su mujer le pidió a una amiga que me mandase.

«No se dan malas noticias antes de dormir», recordé que me pedían en una relación anterior. Y me quedé para mí aquella recomendación y esta fatal noticia. Hasta la mañana siguiente, en la que, al abrir los ojos, estaba confirmado:

«Ya ha descansado», decía el mensaje de WhatsApp de Mamen, su mujer.

De vuelta a casa la noche anterior, dos cucarachas rondaron mis pies y no fui capaz de pisotearlas, con tal de dejar prevalecer la vida frente a la muerte. Mi alma callada y desolada era consciente de que perdía a un amigo de la infancia.

Al día siguiente sobraron los pretextos y la distancia. Sin dudarlo un segundo, más de uno de los que andábamos desplazados por la costa arrancamos los coches y fuimos a Sevilla a despedirlo.

La pulsión no tiene mérito alguno, se rige por un canal que no atiende a razones y te arrastra.

Mal día para morirte, querido Jose, en un cambio de quincena canicular. Los tuyos y un puñado de amigos… ¡Cómo te quiere tu mujer! ¡Qué enormes tus hermanos! ¡Cuántos recuerdos!

Balón, saluda a tu padre allí arriba y dale las gracias por enseñarme a nadar en el club militar. Aprovecha y dale un abrazo al mío y dile que estoy bien. Algo jodido con tu pérdida, pero muy satisfecho por saberme tu amigo y tener la suerte de chocarme con gente tan noble y simpática como tú y tu familia.

Descansa por fin y ten la certeza de que, aunque esté de vuelta de casi todo, no pienso olvidar tu ejemplo de vida.

Jaime Sabater Perales

En memoria de José Luis Balón Molero