CONSEJOS VENDO…

 

Llevo dos semanas como un perro salido detrás del prologuista y no hay quien lo coja.

O está de viaje, o está reunido, o está de comida, o está de consejo.

—Coño, Paco, ¿tú no has vendido la empresa? Pareces más ocupado que antes… —le dije en uno de mis infructuosos intentos de organizar el diálogo de la presentación.

Al final, me he tenido que contentar con un intercambio de mensajes por WhatsApp —casi epistolar— que espero haya sido suficiente para que esta presentación salga medianamente bien y este texto os agrade a vosotros, los asistentes, y a vosotros, los lectores, que rompéis con un chasquido de dedos las barreras del tiempo y del espacio para hacer confluir el martes, cuando escribo; el jueves, cuando leo, y el domingo, cuando publico.

«Perdona, acabamos de terminar el consejo y ahora vamos a cenar. ¿Hablamos mañana? Ya tengo billetes y hotel. Como en Casa Paco. Abrazo». Fue su ‘telegrama’ del lunes. Hasta hoy.

Tampoco es que me queje o deje de sacarle partido a nuestros escuetos encuentros de letras. También hemos vivido momentos de mesa, mantel y vino; de despacho, algún grito y alguna lágrima.

Y tú, siempre sin perder la compostura: «Parar, templar y mandar», que acuñó Belmonte.

Dos ideologías, dos tipos, dos talantes y un mismo sitio: este, el nuestro. Ni más ni menos.

«Hermanos:

Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor.

Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.

Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener una fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca».

Paco, ni tú eres san Pablo ni yo soy corintio. Estos sí son consejos; lo demás, tonterías.

Te quiero.

 

Jaime Sabater Perales