IN VINO VERITAS

 

Dice mi nuevo mejor amigo artificial que una definición sintética podríamos resumirla así:

«Una sociedad avanzada es aquella que combina prosperidad económica, instituciones sólidas, alto nivel educativo, innovación tecnológica y cohesión social para garantizar una elevada calidad de vida y amplias libertades a sus ciudadanos».

El otro día en la bodega de los Infantes de Orleans-Borbón, de mi querida Sanlúcar de Barrameda, durante la celebración de una puesta de largo, en un salón al uso en el que no faltó la comida y la manzanilla en ningún momento, mi buen amigo Eladio abundaba en aquello de la sociedad avanzada.

Eladio es uno de los empleados de la bodega, que lo mismo despacha vino, organiza una visita cultural o lleva la contabilidad. Un hombre apegado a este negocio familiar que tanto marcó la historia de Sanlúcar. Y que sigue produciendo entre sus muros uno de los mejores vinos del mundo.

Eladio es un filósofo que cuando tiene un catavino en la mano extiende sus alas y explaya sus dotes. Uno de esos hombres a los que podrías estar horas escuchando sin necesidad de abrir la boca, o con ella abierta de par en par ante la perplejidad de sus argumentos.

—Sabater, la gente de la gran ciudad se mata a trabajar para prosperar y ganar dinero, y aquí el tiempo no tiene prisa. Si no hay para pagar el kilo de acedías, se compra de boquerones o sardinas y eres el más rico del mundo. Esta es la verdadera sociedad avanzada —me decía mientras levantaba su copa para comprobar, al trasluz, el brillo y la transparencia del vino que él mismo cría y vende.

También encumbró mi capacidad de contar historias sin complejos de clase e imposturas, y sí con naturalidad.

Así pasamos un rato dos tíos unidos por un río y por la búsqueda de la verdadera felicidad. A pesar de las hondas cicatrices que surcan nuestros cuerpos y con la verdad que el vino imprime en nuestros espíritus.

Pues eso: In vino veritas.

 

Jaime Sabater Perales