TÁNDEM

 

Del ingl. tandem, y este del lat. tandem ‘al fin’, ‘al cabo’, ‘a la larga’, al interpretar humorísticamente a la larga con valor espacial en vez de temporal.

Siempre me ha encantado el origen de las palabras, su etimología. Seguro que en esto tiene mucho que ver don Enrique. También influyó en esta afición el catedrático de latín del instituto Murillo, don Juan Rodríguez Barrueco, «El Vocativo», cuya asignatura en segundo de BUP me encandiló.

Aprender latín me ayudó a conocer mejor mi lengua, la relación tan cercana que existe con el resto de las lenguas romances y la cantidad de léxico con que el latín salpica el idioma sajón.

El sustantivo tándem me lleva rondando un tiempo. Posee un sonido gutural y primitivo. Algo machacón que me retrae al África ancestral, me hace viajar a la Inglaterra victoriana, da una vuelta por el paseo de caballos de la Feria de Sevilla y termina en un ingenio capaz de transportar dos contenedores en uno, que me tiene bastante distraído.

Y mira por dónde, el origen de la palabrita tiene su punto humorístico al jugar con el tiempo y el espacio para llevarnos a su significado actual. Son esas magnitudes las que tanto uso para evidenciar nuestro anclaje en la tierra y la certeza de la libertad espaciotemporal que recibiremos en la eternidad.

Nunca me he montado —que yo recuerde— en una bicicleta para dos, tampoco he manejado un coche con dos caballos en línea. Sí me gusta estar en pareja y compartir una vida en común, por muy independiente que me sienta y crea.

Al fin y al cabo, somos seres duales condenados a entendernos con quien la vida nos pone por delante.

Entonces, ¿no será mucho mejor, a la larga, viajar en tándem que no cada cual por separado?

 

Jaime Sabater Perales