DÍCESELO
Cada vez que quedamos a comer con mi hija Marta y su flamante novio zanluqueño, la conversación gira en torno a las palabras y expresiones que nos diferencian. Aparte de su evidente ceceo frente a nuestro mayúsculo seseo, podríamos estar horas y horas jugando a adivina qué significa esto aquí y allá.
El viernes pasado, cenando los cuatro en La Perla, en ese trajín entre tapines (calabacines en Sanlúcar), botines (zapatillas de deporte en Sevilla), llamarle chícharos a nuestros guisantes o pitijopos y zapateros a las libélulas, según el sitio, un chaval sevillano, sentado en la mesa de al lado, comentaba con su novia sanluqueña que nunca había escuchado la expresión «díceselo», que ella defendía como propia.
Sin poder contenerme, interrumpí la conversación y les aclaré que, aparte de en muchos lugares de habla hispana, ese imperativo es más sevillano que la Giralda y que, seguramente, bajó por el río hasta Sanlúcar.
La chica, que más que gaditana parecía de origen transatlántico, me miró incrédula y siguió a lo suyo.
A propósito de todo esto, y movido por el artículo «Lo que se encarte», de la sanluqueña Carmen Silva en Diario de Sevilla, me comentó la autora que entre Sevilla y Sanlúcar todo es de ida y vuelta.
«Claro», me dije. Es que los mismos barcos que unían ambas ciudades, además de dejar en Sanlúcar los lastres de caoba que necesitaban para poder subir el río hasta Sevilla y descargar los productos de ultramar, transportaban cientos de palabras entre los labios de los navegantes, enriqueciendo el idioma entre ambas orillas, entre ambos continentes, entre el viejo y el nuevo mundo.
«La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz es La Habana con más salero», cantaba Carlos Cano, y le seguía Rocío Jurado con aquello de «Toda la América cabe en un fandango alosnero», y se quedaba tan a gusto.
Tan a gusto ella… y tan tonto yo, que dejé de usar «díceselo» en cuanto llegamos a Valencia, porque los demás niños se reían de nuestro acento y nuestras expresiones. Sin ser conscientes —ninguno— de que desde Huelva, Cádiz y Sevilla comenzó la exportación de este idioma que hoy hablan y cantan más de seiscientos millones de seres humanos.
