HISTORIAS DE AMOR Y ODIO

 

Ayer, en el gimnasio, mientras pedaleaba en la estática, me reía abiertamente con los diálogos de La ciudad y los perros. Es la facilidad que tengo al leer en el teléfono. Así le saco partido a músculo y cerebro al unísono. La semana pasada, en el AVE camino de Madrid, detuve la lectura de la primera novela de Vargas Llosa y le eché un vistazo a Vera, una historia de amor. Avancé con facilidad a través de las páginas de muestra, tras las que decidí comprarla. No sé si por curiosidad malsana o porque me estaba entreteniendo. Lo que sí tengo claro es que, para opinar, hay que conocer bien cualquier asunto. Y qué mejor manera de saber del premio Planeta, ¿no?

Pues no, queridos. Aquí todo el mundo critica al autor sin haberse leído una sola página de ninguna de sus obras, y esta es ya su cuarta novela publicada. Opinan de su imagen pública, de su matrimonio, de su participación televisiva y, sobre todo, de su actual sesgo político, que, por lo visto, es lo que más le aleja de ser un buen escritor. ¡No te fastidia!

¡Qué hartura de polarización! ¡Qué hartura, padre cura!

Menos mal que Rosalía ha publicado Lux y está repartiendo Amor por todos los rincones del planeta, que, si no, acabaríamos a tiros. De ella también dicen que es un producto de marketing, una oportunista que hace música choni. Los mismos que la vilipendian no se detienen a valorar el trabajo profundo que hay detrás de cada tema: la calidad musical e intelectual de su obra. Encima ahora, con esta creación espiritual, despolariza a todo quisque. ¿Se puede ser de izquierdas y creyente? ¿De Broncano y de Motos? ¿De Yahvé, de Alá y del mismísimo Dios?

¡Ay, madre mía!, que Feijóo se ha comprado el disco y lo escucha con Rufián en el bar del Congreso. ¿Será posible, entonces, discrepar sin matarse? ¿Amarnos los unos a los otros como Él nos amó? ¿Perdonará Vera, algún día, la infamia de su marido Borja Manuel, marqués de Villaecijilla?

Ojalá mis tres publicaciones juntas llegasen a la milésima parte de las de Juan del Val. Quien publica anhela vender, y cuanto más, mejor. Es una obviedad. Lo comercial no es sinónimo de excelencia, pero tampoco su enemigo. Y quien defienda que la literatura de calidad no vende mucho, directamente, es un vaina.

Lo siento, no voy a opinar sobre la historia de amor de mi paisana Vera. Ya lo ha hecho la librera de Gijón —que también es sevillana— y se ha despachado a gusto. Ahora sí: yo también la he terminado, y no puedo decir lo mismo de otras superventas de las que no aguanté ni las primeras diez páginas.

Leed, hijos míos, leed. Y buscad la Luz. Y si es con música, mucho mejor.

 

Jaime Sabater Perales