QUEDARÁ

 

«Pasaremos todos y quedará, recuérdalo, una canción», canta Alejandro Sanz en La música no se toca.

En el amor y el desamor, en la batalla, en la victoria y la derrota, en la fiesta y en el funeral; siempre quedará lo que no se toca, lo que traspasa, lo que hace vibrar el alma y deja un poso indeleble que seguirá ahí cuando ya no estemos.

«Toca otra vez, viejo perdedor, haces que me sienta bien», dice Ana Belén, y casi nos hace olvidar a Billy Joel.

Sí, la música queda. No se olvida. Alivia el peso de las cruces y de las mochilas que cargamos. Libera. Renueva. Une.

No existe fórmula ni regla ni ley que la tire al suelo. Quedará. Porque lo que se revuelve y se pega a la esencia no hay hombre que lo separe.

Claro que siguen Lola Flores y Camarón de la Isla, Luciano Pavarotti y Michael Jackson. Vivos y coleando. Incluso más allá de sí mismos, de sus derechos y de algunas de sus miserias.

La música es amor y el amor —al menos el de verdad— es infinito. No se toca. Suena para siempre.

Jaime Sabater Perales