DE LUNES A DOMINGO

 

«Con un cocido blanco y un cante por sevillanas, arrancamos el domingo ya la semana, olé olé con muchas ganas».

—¿Pero es feria o no es feria?

—¡Que no, tío, que es preferia! Lo que va antes de la feria, un día antes. Que la feria empieza otra vez el lunes y lo de antes no cuenta, como está mandao.

—Pero ¡si hay grupo de música y bar y las casetas están llenas…!

—Quillo, que no te enteras, Contreras, que la feria era muy larga y muy cara y muy cansada, que es mejor así de lunes a domingo, pero que yo me iré cuanto antes a la playa, a casa de mi cuñao, el mismo que me da los pases de la caseta del banco y el paseo en coche de caballo por el Real.

—¡Olé tú, qué categoría!

—¡Po no lo sabe ya!

—Pues claro que sé que eres un cara y un gorrón. Que vas de señorito con tu traje de tergal de rebajas que ya no aguanta más tintorería ni tu tontería. Que la feria es otra cosa y cada casa, y aquí cabe todo quisqui; los de aquí y los de fuera y cuantos más mejor.

—Hombre, tampoco te pongas así. ¿A qué hora canta el grupito en tu caseta?

—Pero ¿tú no te ibas a la playa?

—Sí, pero ayer le dejé una roncha muy grande a mi hermana y se ha cabreao. ¿Tenéis tortilla de patata en la tuya?

—¡Anda, que ya te vale! A las siete te veo, artista. Y vente también el domingo y vemos los fuegos artificiales, que tenemos huevos fritos con chorizo, no vaya a ser que te quedes con hambre.

—Muchas gracias. ¡Te quiero!

—¡Yo también te quiero, miarma!

«De domingo a domingo van ocho días. ¿Dónde está la feria corta? ¡Qué tontería!»

Jaime Sabater Perales