LA RED
Desde muy pequeño tuve la certeza de que el mundo estaba interconectado. Por otro lado, estaba convencido de que existían personas que trataban de manejar los hilos de esa enorme e invisible red humana. Cómo sería posible que, de jugar al trompo a diario en el patio del colegio y en la plazuela, de un día para otro, todos apareciésemos con la talega de las canicas. Y no solo eso, sino que cada quiosco, a lo largo y ancho de la ciudad, dejaba de vender trompos y cuerdas para lanzarlos y aparecía repleto de canicas de vidrio de todos los colores habidos y por haber.
¿Quién tomaba la decisión? ¿De qué manera se extendía y cómo de forma simultánea?
Más adelante descubrí, gracias a la tele y a mis primos de Madrid, que no solo afectaba a mi barrio y a mi ciudad, sino que a nivel nacional ocurría lo mismo. Incluso pude comprobar, con el tiempo, que se trataba de fenómenos globales cuando, por ejemplo, aparecieron el yoyó o el hula hoop. ¡Cosa de brujas!
La madurez y las clases de marketing y publicidad despejaron muchas de mis dudas, aunque seguí teniendo aquella certeza infantil de que algo nos unía por encima de los intereses comerciales y políticos.
El día del apagón me invadió de nuevo aquella sensación; que existe un cordón umbilical que nos conecta de forma orgánica como especie, como hermanos e hijos de un ser superior. Mis hijas se pegaron a mi calor y yo al de ellas, buscamos el eco de la raza, rechazamos la soledad y el individualismo que nos sobraba en ese instante. Y luego saltamos a la calle a reconocernos en los demás, a vivir la humanidad, a sentir la ciudad. ¡Y cómo la sentimos! Recordamos la pandemia y aquellos primeros y tímidos paseos, también a nuestros hermanos valencianos inundados por el fango y por la solidaridad.
Por mucho que nos quieran gobernar y manejar —que lo consiguen—, por muchas penurias que nos hagan pasar, por mucho miedo que nos infundan, al final la red brilla por sí misma y nos saca a flote vivitos y coleando y sin hacer ruido. Pero ojito, que, si nos tensan mucho la cuerda, también sabemos tirar bocados.
