AVANTI CON LA GUARACHA
«Yo le digo a los jóvenes que, avanti con la guaracha, porque de cierta manera el roll es la madre no solamente del rock sino de la guaracha. Y que donde hay ambiente y alegría, amigo mío, de cierta manera hay un poco de swing», soltó y se quedó tan a gusto Silvio Fernández Melgarejo en aquellas 24 Horas de Música y Radio celebradas en el antiguo Palacio de los Deportes de Madrid, el 28 de enero de 1984.
Por ahí rula el vídeo que tantas veces he reproducido. Hay que ser un genio para acuñar una frase así y que se quede para siempre en la memoria de una ciudad que se alimentó de Roma y se expandió por América.
No se me ocurre otra frase mejor para expresar lo que significa en Sevilla la llegada explosiva de la primavera y de sus grandes fiestas. Para describir lo que el buen tiempo, el olor a azahar y a torrijas, desnudarse de abrigos y chambergos genera en mi organismo.
¡Vaya invierno ruidoso y anodino!
¡Dale a los tambores y a las cornetas, que suenen los palillos y las palmas!
Siempre pasa la tormenta y te acaricia el cielo. Es el ciclo de la vida que se abre paso, no sin sufrimiento. Dejando, a veces, huellas indelebles que serán pisadas con risas y emociones. También sanadas a base de montones de lágrimas que equilibrarán lo de dentro con lo de fuera y aliviarán tensiones.
Todo a flor de piel. Todo a pulmón.
Cambio el catarro por la rinitis alérgica. El radiador de aceite por la cerveza helada. El cuello vuelto por la camisa remangada. Mi edredón por tu bikini al sol.
Soy un cangrejo que anda palante. Un lagarto con la piel mudada. Un pavo real en celo. Soy un niño que peina canas y al que nadie le quita las ganas.
Esto no es un anuncio de cerveza ni del Corte Inglés. Solo es que por aquí ha salido el sol y salto y canto de emoción.
